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Registro visual de mi viaje a Chile

Confitería NOSE, esquina Estación y Pasaje Ricke

En el 2023 se desencadenaron una serie de movimientos en mi vida a nivel profesional y también espirituales. En mi mente pensaba que sería un año de crecimiento de mi marca, de sumar nuevos clientes remotos. Lo que jamás hubiera imaginado sería que tendría que cambiar por completo lo que parecía mi vida hasta ese momento.

No estaba nada en mis planes. Sin embargo siento que todo lo vivido fue un gran plan del universo que salió como tenía que ser…

En abril tuve que dejar el departamento que alquilaba, a la fuerza y sin saber dónde ir a vivir. Sólo sabía adentro mío que algo mejor llegaría…
Y así fue que me lancé a una aventura, guiada por mi instinto de supervivencia.
{No voy a romantizar una situación real que está viviendo mucha gente que conozco, y la desestabilidad emocional y económica que implica quedarse sin casa es un problema muy grave}
Por primera vez en 19 años como emprendedora me tomé una pausa sin fecha de regreso. Me llevé mi compu, ipad y acuarelas para seguir con algunos proyectos que tengo pautados.

Orillas del lago Llanquihue, desde donde se ven los volcanes


Dejé todo y me fui a Puerto Varas, Chile.
Muchas veces me preguntan por qué ese lugar, y la verdad es que no lo sé de manera racional. Ya conocía esa ciudad, había ido un par de veces, cuando mi vida también era otra. Lo más gracioso es que siempre pensé que era una locura vivir rodeada por tantos volcanes.

Me fui a trabajar a un hostal como voluntaria, por medio de Workaway . Una plataforma que descubrí gracias a amigas que habían viajado de esta manera.
{Desde que me recibí de Diseñadora jamás había trabajado de algo que no tuviera que ver con el rubro. Tampoco había experimentado esto de irme de viaje así improvisado. Creo que también haber sido mamá joven me hizo madurar y ser demasiado responsable antes de tiempo.}

A días de cumplir 42 años llegué a una nueva ciudad, en un estado de estrés y ansiedad. También haciendo el duelo de dejar el hogar que había armado en los últimos años.

Estaba cagada de miedo, aunque sabía en lo profundo que todo saldría bien.

Aún intento poner en palabras las sensaciones de esos primeros días en mi nuevo lugar, que me recibió como si yo ya fuera parte de allí. En esa antigua casona de estilo alemán, de pisos de madera que crujen al caminar, pude dormir como nunca antes.
Me tocó hacer todo tipo de tareas, compartir habitación, baño y la cocina con las demás compañeras y huéspedes del hostal.
Siento que esta experiencia me sirvió para bajar un cambio a tantos años de exigencia, perfeccionismo y estrés por tener que llevar adelante una carrera, ser profesional y estar siempre a tope con todo.

La vida en Puerto Varas

Estuve dos meses viviendo allí y llegué a amar tanto esa ciudad, sus casitas de madera, las tejuelas, cada calle, los cables bajos, la tranquilidad del otoño, las caminatas por la costanera mirando los volcanes, el lago, y cada detalle que para mí la hacen única.
El camino hacia el hostal con las escalinatas del pasaje Ricke, decoradas con mosaicos, es de mis lugares favoritos.

Subir esas escalinatas es puro deleite visual

Tanta belleza me llevó a comprar un cuadernito para sentarme a pintar, como una forma de registrar todo, y también como una manera de capturar ese momento.

En todo ese tiempo, me armé unas pequeñas rutinas creativas, en mis ratos libres me iba a conocer algún café para pintar.

Otras veces, dibujaba o pintaba en la recepción, en el comedor, también mientras compartía co mis compañeras la tarde.


Este simple hábito me daba una sensación de plenitud, de estar en mi eje. Era algo que me anclaba no sólo al presente sino a quien soy.


Tener mis acuarelas y el cuaderno me hacían sentir en casa.
Es raro porque muchas veces tenemos el espacio ideal: nuestra mesa, estantes con libros y pensamos que sin ello no podremos crear. Acá pueden ver lo que era mi taller
Estoy segura, que quedarme sin casa me hizo desprenderme de esas ideas y valorar más cada momento.

Museo Pablo Fierro

En mis caminatas diarias por la ciudad descubrí un lugar que llamó mi atención, el Museo de Pablo Fierro, al que fui una y otra vez, primero sola y luego llevaba a amistades para que vean este lugar mágico. La obra del querido Pablo, quien siempre está allí trabajando, es sumamente inspiradora, y para mí fue como encontrar un mentor artístico. Hablar con él, conocer cómo llegó allí, qué lo motiva, me llenaba el alma.

En esos dos meses, visité otras ciudades del sur de Chile, paseé por Valdivia, Niebla, Me fui hasta Chiloe, y también a Frutillar, Llanquihue y Puerto Octay, entre otras, porque la verdad es que paseé harto (como dicen en Chile)
Sigo viajando a Chile, no me canso de recorrer nuevos lugares, de comer su comida, hablar con su gente y sumar amistades.
Por supuesto llevo mi cuaderno, con la misión de dibujar y pintar tanta belleza.

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